Rusia en Oriente Medio: Juego de múltiples cartas

esther120Por Esther Shabot Askenazi*

Opinión publicada originalmente en Excélsior

29 de Octubre de 2017

No hay actor importante en Oriente Medio con el que la Rusia de Putin no mantenga una relación de peso significativo. A pesar de las tensiones, rupturas y conflictos armados que prevalecen entre las diversas naciones de la región, los nexos del régimen de Moscú ya sean con Irán, Siria, Arabia Saudita, Qatar, Turquía, Israel, los kurdos o los palestinos, no son irrelevantes o simplemente simbólicos, sino que representan una influencia de primer orden en los a menudo desconcertantes acontecimientos que sacuden la geopolítica regional.

Especialmente en el caso de la larga y sangrienta guerra en Siria, Rusia ha participado directa y abiertamente en defensa del mantenimiento de Bashar al-Assad en el poder. Y tal parece que su objetivo está a punto de alcanzarse, en la medida en que cerca de 92% del territorio sirio ha regresado a manos del régimen de Al-Assad, una vez que tras cientos de miles de muertos y millones de desplazados y refugiados, han sido finalmente aplastados tanto los grupos rebeldes, como las milicias del Estado Islámico que en ciertos momentos del pasado llegaron a dominar hasta un tercio del territorio sirio. La defensa rusa de Al-Assad fue acompañada desde el principio por una activa participación de Irán y de miembros de la agrupación terrorista libanesa Hezbolá, ambos afines al Presidente sirio. Por tanto, es un hecho que Irán, Hezbolá y Rusia actuaron en el mismo sentido al compartir un objetivo común de suma importancia para los tres.

   Lo anterior podría haber significado que países rivales tanto del régimen de Assad, como de Irán y de Hezbolá,  –por ejemplo Israel y Arabia Saudita– vieran en el gobierno de Moscú a un enemigo, al ser en los hechos un elemento clave en el fortalecimiento del odiado bando opuesto. Y sin embargo, ello no ha sido así. Putin ha sabido conectarse con todos los polos de poder regionales, dando con ello testimonio de su habilidad y astucia. Uno de los más claros ejemplos es el que tiene que ver con la relación Rusia-Israel, cuya solidez se mostró recientemente con la visita a este último país del ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu, quien se entrevistó con el primer ministro israelí, con el jefe del Estado Mayor y con el ministro israelí de Defensa de origen ruso, Avigdor Liberman.

    Al parecer, la cooperación técnica, militar y de negocios entre Rusia e Israel va viento en popa. Liberman, en su alocución en hebreo y ruso, expresó: “…Valoro las relaciones con Rusia por su sinceridad y por el diálogo que existe entre nosotros… estoy seguro de que ésta es la forma de resolver todos los problemas.” Es evidente que “los problemas” aluden sobre todo a la presencia de fuerzas militares iraníes y de Hezbolá en territorio sirio, presencia que al estar ahora en un espacio muy cercano a la frontera norte de Israel le representa a éste un mayúsculo desafío en términos de seguridad. Así que en la medida en que Putin se ha convertido en una especie de director de la coreografía que se desarrolla en Siria, está en su responsabilidad mantener las cosas de tal manera equilibradas como para que no estalle una confrontación directa entre Israel y sus enemigos, ahora tan asentados en suelo sirio.

Hasta ahora, Moscú parece estar seriamente comprometido con mantener el statu quo actual, aunque es incierto si logrará preservarlo con el correr del tiempo. Israel ha lanzado algunos ataques aéreos sobre territorio sirio como forma de advertencia de que en caso de que a Putin se le salga de las manos el control de lo que pasa en Siria, Israel no dudará en tomar las cosas en sus manos. Habrá que ver, pues si el malabarismo del jerarca ruso en el manejo de los múltiples intereses contrapuestos que se mueven ahí, consigue seguir funcionando con eficacia en el futuro. Lo que sí es ya evidente a estas alturas es que, a diferencia de la URSS durante la guerra fría, hoy Rusia tiene un papel infinitamente más versátil e influyente en esa zona.

*Esther Shabot Askenazi es licenciada en Sociología de la UNAM (1980, México), con estudios de maestría en Sociología en la UNAM y con especialización en Estudios Judaicos en la Universidad Iberoamericana (1982-1985). Forma parte del Consejo Asesor del Seminario Universitario de Culturas del Medio Oriente.

Administrador

Seminario Universitario de Culturas del Medio Oriente
Universidad Nacional Autónoma de México

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